Ángeles Cutillas: Sincromías; tejer, hilar, sedal

Ángeles Cutillas: Sincromías; tejer, hilar, sedal

La Facultad de Bellas Artes de Granada inició su andadura en 1986. Dado el potencial artístico existente en la ciudad y la demanda que llegaba de provincias aledañas; sobre todo, de Jaén y Málaga, que mandaban a la ciudad de los Cármenes gran cantidad de jóvenes con verdadera pasión por lo artístico, era necesaria una Facultad que, junto a la existente en Sevilla, canalizara el claro potencial creativo que tenía lugar en una Andalucía, creciente y con muchísimas perspectivas para que fuera uno de los centros más activos de toda la plástica española.

Durante los primeros años, la Facultad granadina se convirtió en un auténtica Factoría de artistas. Era curioso que una carrera que habitualmente servía de refugio a los estudiantes que no encontraban acomodo en otras, en la de Granada ocurría todo lo contrario; no era fábrica de Licenciados con el destino de ser Profesores de Instituto. Del antiguo Manicomio salían, sin solución de continuación, verdaderos artistas con las intenciones bien clarificadas en la seguridad de que fuese lo artístico y la creación la profesión elegida. Así, en aquellos primeros años, nombres que serían miembros activos de la plástica contemporánea, empezaban a producir y a parecer en catálogos de, también, jóvenes galerías que se sumaban al carro de ese esplendor que dinamizaba el arte. La lista de aquellos nombres era larga:  Valentín Albardíaz, Santiago Ydáñez, Jesús Zurita, Guillermo Zorrilla, Paloma Gámez, Ángeles Agrela, Jacobo Castellano, Marisa Mancilla, Aixa Portero, Carlos Aires, Simón Zábell, José Miguel Chico López, Carlos Miranda, Andrés Monteagudo, Paco Pomet, José Piñar, Joaquín Peña-Toro… y Ángeles Cutillas. Ellos fueron los primeros que, con otro de aquellos primeros ilustres que salieron de la nueva Facultad, Emilio Almagro que asume la arriesgada pero necesaria labor de galerista, generaron el poderoso germen del arte granadino y uno de los espacios seguros desde donde se asienta la plástica contemporánea del momento.

Ángeles Cutillas demostró desde el principio que su trabajo no se atenía sólo a unos parámetros cercanos a los reduccionismos abstractos. Ni mucho menos. Su concepción del color, sus planteamientos formales generados desde un racional geometrismo, las interactuaciones cromáticas, los puntos de vista, las incidencias lumínicas… hacían una plástica abierta hacia adelante donde los signos de la representación desaparecían en favor de un juego visual poderoso y lleno de energía creativa.

Desde aquellos primeros momentos iniciáticos, Ángeles Cutillas, ha ido madurando un proyecto pictórico en el que los elementos habituales han sido sustituidos por el hilo de nailon como materia sustentante de todo el trabajo. Una realidad artística de contundente y difícil estructuración formal para la que se necesita una capacidad absoluta de conocimiento del medio, de la materia, de la forma; una visión privilegiada de la dimensión geométrica; un dominio exacto de las incidencias de la luz sobre los objetos y, por supuesto, un sentido exacto de las ‘cromaciones’ -tonos- de las gamas que desarrollan las obras. Porque cada pieza se construye con alrededor de quince mil metros de hilos, entrelazados en tramas horizontes y verticales. Con ellos la artista compone una pieza que guarda la mayor dimensión abstracta, generado desde la potencia expresiva del color; abriendo las gigantes perspectivas que supone la ausencia de lo concreto para establecer interactuaciones cromáticas que posibilitan una realidad hacia adelante.

Pero la obra de Ángeles Cutillas para la exposición en la Sala Rivadavia, SINCROMÍAS. Tejer, Hilar, Sedal’, es infinitamente más. En las piezas se ofrece un homenaje silente pero patente hacia la historia del tejido que ha sido pieza fundamental en el desarrollo de los tiempos; es, asimismo, una poderosa variación de la pintura abstracta, de aquellos artistas del ‘colour-field painting’, Clyfford Still, Barnett Newman, Robert Motherwell, con el gran Mark Rothko a la cabeza.  Una suerte abstracta donde queda de manifiesto el poder absoluto de la materia. Materia textil que Ángeles Cutillas lleva a su máximo sentido en una suerte compleja, minuciosa y trabajada. Campos de color que interactúan, al tiempo que vibran por el propio sentido de los hilos y sus tramas, provocando, asimismo, una tensión visual que nos lleva a las consideraciones del op-art, incluso a un minimalismo que ella genera potenciando el supremo organigrama visual de los sentidos.

Aquella jovencita, recién salida de la nueva Facultad granadina, es, ahora, una artista grande. Empezó con sabias inquietudes y mirando con pasión a las más amplias fronteras del arte. Ha sabido atemperar los impulsos y, serenamente, se ha posicionado en un trabajo apasionante donde las múltiples manifestaciones del color y de la materia textil juegan para crear todo un estamento visual donde la emoción, la espiritualidad, la materialidad, la historia, el compromiso, la realidad… aglutinan sus posiciones para crear un entramado – nunca mejor utilizado el término- que alcanza los espacios mediatos del espíritu.

La abstracción de siempre, aquella que lleva consigo la esencia del color, la materia pura mostrando sus argumentos si no imitativos, sí evocadores y portando líneas conectadas con los parámetros del espíritu, se hacen presente en una obra que la artista granadina manifiesta con nuevas fórmulas que, además, llevan implícitas las marcas indelebles de la emoción. Sutil ejercicio material y contundente relato cromático desde las posiciones, tan poderosas como esenciales del hilo de nailon. Materialidad en estado puro.

 

Bernardo Palomo

 

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Sala Rivadavia
Presidente Rivadavia, 3, Cádiz
Del 21 de mayo al 20 de junio de 2026

Horario

Martes a viernes
De 11:00 a 13:30 h. y de 18:00 a 20:30 h.

Sábados
De 11:00 a 14:00 h.

Lunes, domingos y festivos
Cerrado 


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Documentos:

Cuadernillo Rivadavia nº 32

Cuadernillo "Sincromía: tejer, hilar, sedal", de Ángeles Cutillas